Yarn Bombing o el crochet urbano

Ni grafiti, ni pintadas, ni megaesculturas, ni funcionalidad. El Yarn Bombing lleva desde el 2004 invadiendo las principales ciudades del mundo y renovando el mobiliario urbano a golpe de agujas e hilo.

Los tejedores domésticos de lana, los aficionados al punto y al crochet se cuentan por miles en esta faceta de nuevos artistas callejeros. De la punta de sus agujas nacen inmensas fundas de lana con las que ‘quitar el frío’ a los bolardos, las señales de tráfico, los árboles, las barandillas, los bancos del parque, las farolas…

Es el Yarn Bombing o grafiti ecológico, como lo definen otros, para quienes esta curiosa actividad es una forma de arte callejero efímero y transitorio. Lo cierto es que va ganando adeptos y extendiéndose como la pólvora y a las cabinas telefónicas de Londres o el Toro neoyorquino de Wall Street, se han unido también una legión de aficionadas y aficionados españoles.

Así las esculturas de Pedro Botero del Domus de A Coruña o las vaquillas del Monumento al Encierro de Pamplona también han lucido sus ‘trajes’ de lana de los defensores del Yarn Bombing en España.

Durante semanas, a veces meses, los artistas callejeros tejen con sus madejas las ‘camisas’ a medida con las que enfundarán sus obras. Puesta la vista en el árbol que más les seduce, en una bicicleta o en la estatua de una plaza y previa convocatoria de ‘acción’ semi-clandestina, todos saldrán a la calle en el día estipulado para ponerle un traje a la ciudad.

Foto Creative Commons: Flickr/pciet, Flickr/=mc2,

Fuente: Yarn-bombing.com

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