Comidas de Película: la pócima mágica de Astérix

Gracias al ingenio de René Goscinny y Albert Uderzo las aventuras de Astérix y Obélix no dejan indiferente a nadie. Esa aldea gala que trae de cabeza al mismísimo Julio César al ser irreductible es el lugar de nacimiento de estos dos personajes que, gracias a la pócima mágica que elabora su druida Panorámix, enfrentarse a los romanos es cosa de niños.

Sí, un bebedizo que dota de fuerza sobrehumana a todo aquel que beba de él… a excepción de Obélix que, al caerse de pequeño en el interior de una de las marmitas repletas de pócima, conserva una extraordinaria fuerza física en todo momento y, si bebiera más, pondría en peligro su salud.

Como toda pócima mágica, pocos son los conocedores de la receta que se debe seguir. Ahora bien, si prestamos atención a las palabras de Panorámix a lo largo de todas las aventuras de Astérix y Obélix, podemos deducir algunos de los ingredientes.

En cualquiera de los libros de Goscinny y Uderzo queda claro que el muérdago es uno de los ingredientes principales de la pócima mágica… siempre que sea cortado con una hoz de oro (de la que nunca se desprende Panorámix).

En ‘La gran travesía’, el druida pide a Astérix y Obélix que se hagan a la mar para traerle pescado, también necesario para la elaboración de la pócima. Otro de los ingredientes principales es el ‘petra oleum’ o aceite de roca; en ‘La odisea de Astérix’ Panorámix se desespera al conocer que los mercaderes fenicios no le traen el pedido de aceite de roca que había hecho, por lo que la pareja inseparable se lanza a la aventura en su búsqueda.

Por último, en ‘Astérix el galo’, Panorámix deja claro al bajito de los galos que el secreto de la poción sólo se puede transmitir de druida a druida. Aun así, desvela que entre sus ingredientes se encuentra la langosta que, aunque “no es imprescindible, le da buen gusto”.

No parece que sean productos muy mágicos lo que nos han ido desvelando los creadores de Astérix y Obélix, con lo que queda claro que Panorámix aporta un toque único del que solo un druida es capaz. Sea como sea, leer una de sus aventuras acompañado de un buen café con dunkins no suena nada mal.

Fotos en CC: Flickr/ttfnrob; Flickr/Manuel F. Picaud

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