El Café de Rick

Hubo una época, a principios de la década de los años 40 del siglo XX, en que el mundo se vio sacudido por la furia de la II Guerra Mundial. El norte de África era una zona deseada por todas las potencias implicadas en el conflicto y allí, en la ciudad imperial de Casablanca, en ese Morocco bajo protectorado francés, hallamos el Café de Rick.

Regentado por el mítico Humphrey Bogart, el Café de Rick era un nido de espías y contraespías, nazis, aliados, miembros de la Resistencia… Todos intentaban pasar desapercibidos en aquel local, donde a pesar de ello, cada quien sabía quién era quien. Frente a ello, una gran historia de amor imposible, la de Bogart con la inolvidable Ingrid Bergman, ambientado por las melancólicas notas de As Time Goes By, al que nunca nadie pidió a Sam que la tocara otra vez.

Lo cierto es que Bogart jamás pisó Casablanca y allí nunca estuvo ubicado el famoso café. No obstante, la parafernalia de uno de los clásicos más legendarios de la historia del cine, hizo que el Café de Rick fuese inaugurado en la localidad marroquí 62 años después del estreno de la película de Michael Curtiz.

¿Por qué? Los turistas no pararon, durante seis décadas, de preguntar a diestro y siniestro “¿dónde está el Café de Rick?” y como el Café de Rick no estaba, la empresa The Usual Suspects  decidió dar gusto al turismo y, de paso, aprovechar el tirón de un local destinado a ser visitado y tener éxito.

Imágenes en CC: Albertho’s blog y 3viajes.com

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